Sí, el Fair Play debería ser obligatorio. El deporte no solo consiste en competir, sino en educar, formar y transmitir valores. Sin un criterio obligatorio de respeto, juego limpio y conducta ética, la competición pierde su esencia y se convierte en un espacio donde todo vale. Establecerlo como requisito garantiza un entorno seguro, educativo e igualitario para todos.