El Fair Play debe ser obligatorio en lo regulable, pero voluntario en lo moral.Su obligatoriedad en las normas protege la salud de los atletas ante el juego sucio.También garantiza la igualdad económica entre clubes mediante el Fair Play Financiero.Además, el deporte profesional educa y da ejemplo de civismo a las nuevas generaciones.Sin embargo, es imposible legislar la moralidad o las intenciones de cada deportista.Obligar por ley a confesar un error propio destruiría la estrategia y la picardía.Hacerlo 100% obligatorio saturaría a los árbitros con interpretaciones interminables.Por ello, las agresiones, trampas y finanzas ya se castigan severamente por reglamento.Pero los gestos de caballerosidad deben seguir dependiendo de la ética de cada persona.El éxito del deporte actual radica en el equilibrio entre leyes estrictas y valores humanos.